Abismo

07 de Octubre de 2006, a las 16:45 - Loss√ęlith
Concurso de relato corto dramático 2006 - Relatos basados en la obra de Tolkien, de fantasía y poesías :: [enlace]Meneame

Aquí está Maedhros.

Podr√≠a a√Īadir m√°s sobre m√≠ y la l√≠nea quedar√≠a m√°s completa, pero no mejor: el primog√©nito de F√ęanor y Nerdanel, el alto y el manco, el traidor y el amigo, el capit√°n y el esclavo; el maldito hasta el fin de los d√≠as.

Ahora hubiera cambiado todos los títulos por no tener ese pasado.

Solo ante el abismo, rodeado de azufre y chispas ardientes, voy a morir. Pero nada arde m√°s que el Silmaril. Me desgarra la mano, brillando con tanta fuerza que a√ļn se contempla su antigua hermosura, ahora t√©trica y salvaje. Oh, fuego y llamas. La joya por la que he sacrificado mi vida lo dice: est√°s maldito, cumpliendo tu Juramento te has condenado.

No quiero demorar más mi fin, pero unos recuerdos invaden mi mente. Sollozo; más que el Silmaril queman. Pero sé que no podré irme hasta haber escanciado toda la amargura producida en mi vida, todos los momentos que me han conducido aquí.

1.
A√ļn ahora, mientras la tierra se rompe a mis pies, me llegan con di√°fana perfecci√≥n los ecos de mi primer error. Es un recuerdo √≠nfimo, algo que jam√°s ser√° reflejado en ning√ļn canto o cr√≥nica, pero s√© que fue cuando, metaf√≥ricamente, me detuve al borde del abismo y me prepar√© para saltar. El comienzo de mi ca√≠da.

Cuando escuch√© esas palabras salir de sus labios me negu√© a creerle. Su voz era dulce y pegajosa como az√ļcar y miel. Creo que por eso le cre√≠; pens√© ingenuamente que la dulzura jam√°s esconder√≠a maldad, olvidando que la miel siempre cazar√° m√°s moscas que el arma m√°s mort√≠fera.

Y yo no fui m√°s que una mosca atrapada limpiamente. Cada uno de los enga√Īos me corrompi√≥ el coraz√≥n y sufr√≠ por rumores maliciosos; justa condena por preferir creer a quien era infinitamente superior a m√≠ en vez de a mi propia raz√≥n.

El día era hermoso y límpido, como todos los que se veían en esa tierra inmaculada. El aire traía sonidos del bosque. Sé que la luz le arrancaba tonos fulgurantes a su trenzado cabello, sé que la brisa nos sacudía en la cara, pero no me fijé. Estaba encerrado en mis ideas.

-¬°No me mientas! ¬°Sabes muy bien de qu√© estoy hablando!- el tono agresivo que ti√Ī√≥ mis palabras era una de esas cosas de las que te arrepientes durante siglos; tanto herv√≠a de rabia.

-Al contrario: lo ignoro. - Mi amigo, mi hermano en el alma, ni se inmutó.

-No te molestes en negarlo ¬°Pensaba qu√© eras mi amigo, Fingon! ¬ŅEn qu√© ha quedado nuestra amistad, eh?

-La misma pregunta te hago, Maedhros. Estamos en un tierra bendita, feliz; no hay preocupaciones ni problemas. ¬ŅA qu√© se debe este s√ļbito acceso de desconfianza?

¬ŅAcaso te he fallado alguna vez? -Sus palabras siempre eran tan nobles como sus ideales. La luz no se limitaba a reflejarse en √©l: lo traspasaba, cada uno de sus pensamientos era brillo y chispa. Por un momento vacil√©. Pero el veneno, como una mariposa fugitiva, volvi√≥ a posarse en m√≠ y no dud√© en atacar.

-Me han dicho que Fingolfin y t√ļ est√°is tramando algo contra nosotros.

Esa frase le golpeó en la cara con más dureza que el tono de voz que antes había utilizado.

-¬°¬ŅQu√©?! ¬Ņ¬°C√≥mo puedes decir algo as√≠!? ‚Äďimpulsivo, temerario ante alguien convencido de su culpabilidad, Fingon contest√≥ con ira.- He sido tu amigo toda la vida‚Ķ ¬°Jam√°s te traicionar√≠a! ¬°Jam√°s!

-‚ÄúJam√°s‚ÄĚ es una palabra demasiado larga. ‚Äďobserv√©, con morbosa complacencia, su enfado s√ļbito.- ¬ŅA√ļn lo niegas? ¬ŅTienes el valor de mentirme?

-M√≠rame a los ojos, Maedhros. ¬°M√≠rame! ¬°Mira y ten valor para decir que miento! ‚Äďen ese momento, algo en mi interior se revolvi√≥. Me reflej√© en dos espejos grises y s√≥lo vi mi propio enga√Īo. De nuevo las artima√Īas de Morgoth me cegaron.

-Veo que eres un mentiroso. ‚Äďsentenci√©. Fingon se alej√≥ de m√≠, con los pu√Īos cerrados; rezumaba ira y sorpresa.- ¬ŅC√≥mo he podido llamarte ‚Äúamigo‚ÄĚ alguna vez? ¬ŅQu√© Ainur desliz√≥ una venda ante mis ojos? ‚Äďme lament√©.

Durante un momento sólo se escuchó la dulce brisa que sacudía la grieta recién formada entre ambos.

-Sea. ‚Äďmurmur√≥ Fingon, solemne, triste.

Y se fue dejando atr√°s una estela brillante.

¬ŅFue eso necesario? Ay, ojal√° hubiera cambiado, ojal√° antes de que se fuera, entrando en raz√≥n, hubiera abierto los ojos a la verdad y no le hubiera acusado. Ojal√° en aqu√©l momento hubiera guardado silencio y esbozado una disculpa tartamudeante, y lo hubiera olvidado todo. Ojal√°. Pero no lo hice y mi amistad qued√≥ condenada durante largo tiempo.

Mirando el abismo tengo ganas de cambiar el pasado.

2.
Sí, mataría por cambiar el pasado. Mataría por cambiar el peor día de mi vida.

Los r√≠os de lava y fuego son l√≠neas desdibujadas comparadas con el horrible dibujo que por siempre me ha estremecido, primero de gozo y luego de horror. Ardiente, grabado con oro fundido y lava √≠gnea, lo contemplo entre las nubes de azufre. A√ļn abriendo los ojos.

Las estrellas titilaban fr√≠as en el cielo, pero poco pod√≠an competir contra el crepitar de las antorchas. Chispeaban como joyas sucias entre las enredaderas de oscuridad, engarzadas en las calles, en los balcones y en las plazas blancas. Falso efecto. Ante la antinatural luz te√Īida de humo, las caras se revelaban grotescas, contorsionadas por el dolor y la furia; en muecas salvajes y ojos de luz sangrienta, tanto daba. Pero eso no nos ech√≥ atr√°s. Su voz dio forma a nuestros sue√Īos y pesadillas. Embriagados por la tea y el dolor, enloquecimos, lo olvidamos todo. No √©ramos m√°s que arcilla moldeable en sus manos. La multitud se estremec√≠a ante las inflexiones de su voz; ora lloraba cuando se enternec√≠a, ora se alzaba col√©rica ante la dureza de su tono.

A√ļn recuerdo esas palabras.

‚ÄĒ¬ŅPor qu√©, oh gente de los Noldor, por qu√© habremos de servir a los celosos Valar, que no pueden protegernos ni protegerse del Enemigo? Y aunque sea ahora un adversario ¬Ņno pertenecen ellos y √©l a un mismo linaje? La venganza me llama desde aqu√≠, pero aun cuando as√≠ no fuese, no querr√≠a yo vivir m√°s tiempo en la misma tierra con el linaje del asesino de mi padre y del ladr√≥n de mi tesoro. Y no soy el √ļnico en este pueblo de valientes. ¬ŅAcaso no hab√©is perdido todos a vuestro rey? ¬ŅY qu√© m√°s habr√©is perdido, encerrados en una tierra angosta entre las monta√Īas y el mar?

>>Aqu√≠ hab√≠a luz, una luz que los Valar denegaron a la Tierra Media, pero ahora la oscuridad lo nivela todo. ¬ŅNos lamentaremos aqu√≠ siempre inactivos, pueblo de sombras, moradores de la niebla, vertiendo l√°grimas vanas en el mar indiferente? ¬ŅO volveremos a nuestra patria? En Cuivi√©nen las aguas discurr√≠an dulces bajo estrellas sin nubes, y vastas eran las tierras, por las que pod√≠a andar un pueblo libre. All√≠ est√°n a√ļn, y nos aguardan, a nosotros que locamente las abandonamos. ¬°Venid! ¬°Dejemos la ciudad a los cobardes!

El sonido que manaba de sus labios restall√≥ entre la multitud como un latigazo. Ante mis ojos discurr√≠an todas sus promesas: libertad, gloria, riquezas, poder. Todo me lo dar√≠a √©l, esp√≠ritu ardiente. Carboniz√°ndose en su propio fuego, parec√≠a que el mismo Eru se adue√Īaba de su voz inflamada.

-¬°Glorioso ser√° el fin ‚ÄĒexclam√≥‚ÄĒ, aunque el camino sea √°spero y duro! ¬°Decid adi√≥s¬† a la esclavitud! ¬°Decid adi√≥s a la debilidad! ¬°Decid adi√≥s a vuestros tesoros! Los haremos de mayores. Porque iremos m√°s lejos que Orom√ę y soportaremos m√°s
adversidades que Tulkas: nunca nos echaremos atr√°s. ¬°A la persecuci√≥n de Morgoth hasta el fin de la Tierra! Le haremos la guerra con un odio imperecedero. Pero cuando lo hayamos conquistado y recuperado los Silmarils, seremos nosotros, y s√≥lo nosotros, los se√Īores de la Luz inmaculada y amos de la beatitud y belleza de Arda. ¬°Ninguna otra raza nos har√° sombra!

Entonces se alz√≥ en toda su altura, cerrados los pu√Īos, los ojos brillantes como estrellas ca√≠das, pero ya no hermosos, ya no sabios. Por un momento me pregunt√© cuando hab√≠a perdido a mi padre. Entonces lleg√≥ el auge de su discurso; sus palabras estremecieron hasta las rocas, el viento amain√≥, las antorchas se inflamaron con un restallido fugaz. El Tiempo pareci√≥ detenerse.

-¬°No m√°s temores! ¬°No m√°s dudas! Todo parece perdido, ¬°¬°pero yo juro venganza!! ¬°A m√≠, hijos de los Noldor! ¬°Escuchadme! ¬°¬°Escuchad nuestro Juramento!! ‚Äďtanta fue la fuerza de ese √ļltimo grito que me alc√© como se elevan las olas embravecidas; mis hermanos conmigo. Mi padre nos sonri√≥ por un instante y ocho espadas se desenvainaron. El sonido met√°lico me agrad√≥, y por un momento imagin√© como deb√≠a presentarme, alzado ante la multitud, con el fuego a mi izquierda y la espada sangrienta a mi diestra. Enloquec√≠ de gozo.

Y sin más floreos, ni detenciones, sobrevino mi eterna maldición. Desnuda, descarnada la pronunciamos todos; un oleaje de voluntades contrapuestas, un clamor que se elevó al cielo y este se estremeció. Así decía, entre las llamas, la oscuridad y la locura.

Sea amigo o enemigo, ominoso o luminoso,
engendro de Morgoth o brillante Vala,
Elda o Maia, o Después Nacido,
Hombre a√ļn por nacer en la Tierra Media,
ni ley, ni amor, ni alianza de espadas,
temor ni peligro, ni el destino mismo,
lo defender√°n de F√ęanor, y de la prole de F√ęanor,
a quien ocultase o atesorase, o en su mano tomase,
encontrando vigilado o lejos arrojado
un Silmaril. Esto juramos todos:
¡Muerte le daremos antes que acabe el día,
maldito hasta el fin del mundo! ¡Oíd nuestra palabra
Eru Il√ļvatar! Con la sempiterna
Oscuridad seamos malditos si el juramento rompemos.
Sobre la monta√Īa sagrada o√≠dlo como testigos
y nuestra promesa recordad, Manw√ę y Varda!

Ahora, todo se ha consumido y de la gloria s√≥lo quedan cenizas. Melanc√≥licas y dolorosas cenizas ba√Īadas en l√°grimas. Con el dolor de quien se va para siempre, pronuncio cada palabra por √ļltima vez. Me despedir√© igual que me maldije; entre fuego y juramentos.

-Sea amigo o enemigo, ominoso o luminoso‚Ķ ni ley, ni amor, ni alianza de espadas, temor ni peligro, ni el destino mismo‚Ķ lo defender√°n de los hijos de F√ęanor‚Ķ. a quien ocultase o atesorase, o en su mano tomase‚Ķ un Silmaril. Esto juramos todos: ¬°muerte le daremos‚Ķ! ¬°O√≠d nuestra palabra, Eru Il√ļvatar! ... Con la Sempiterna Oscuridad seamos malditos‚Ķ ¬°O√≠dlo como testigos y nuestra promesa recordad, Manw√ę y Varda!

Ya est√°.

He caído.

3.
La grieta es una profunda herida sin cicatrizar en la corteza de Arda. Mientras mi cuerpo cae, entre la luz, el azufre y las chispas cada vez m√°s ardientes, recuerdo como, a√ļn locos de poder, sublevamos al pueblo y lo arrastramos hasta el puerto‚Ķ

Repetimos la jugada. F√ęanor, el autoproclamado rey, quer√≠a arrastrar a los teleri en nuestra guerra particular. Quiso encender su ira, habl√°ndoles como antes nos hab√≠a hablado a nosotros. Y lo hizo bien. Mi alma se me elev√≥ de nuevo, so√Īadora‚Ķ

‚ĶPero por esas circunstancias inexplicables, fracas√≥. Olw√ę se neg√≥, amablemente, pero se neg√≥, a dejarnos ni un solo barco. Y mi padre, orgulloso como era, por lo que se hab√≠a convertido, no pudo aceptarlo.

Lo siguiente que recuerdo es que pas√°bamos la ciudad a cuchillo y rob√°bamos los barcos.

Mis recuerdos no son claros respecto a esa batalla. Fue la primera, sí, y con algunos recuerdos sueltos puedo reconstruirla. Pero mi propia mente parece una nebulosa de azufre. Ha habido tantas… y todas por el mismo motivo…

… que mientras el Silmaril se hunde conmigo, me pregunto como pudimos luchar tanto por él.

El entrechocar de las espadas bajo la luz de las l√°mparas perladas. La sangre y los cad√°veres. S√≠, eso lo recuerdo: las delicadas losas nacaradas te√Īidas de sangre. El aire era turbio y putrefacto. Recuerdo‚Ķ oh, Eru. Recuerdo como luchamos sobre el arco de puerto. Hab√≠a un teleri‚Ķ una estela plateada le segu√≠a. ¬ŅDud√©? ¬ŅMe detuve un momento para pensar lo que estaba a punto de hacer? Deb√≠a obediencia a mi padre. S√≠, eso s√≠ lo pens√©. Y entonces‚Ķ lo atraves√© con la espada. Simplemente, sin m√°s dilaci√≥n, sin gastar un segundo m√°s en retractarme. Los huesos crujieron, la cara se colaps√≥ en una mueca conmocionada y los ojos quedaron est√°ticos para la eternidad, mir√°ndome. Me estremec√≠ y apart√© s√ļbitamente la espada. Una cascada sangrienta me manch√≥ las ropas.

Sé que yo también olía a muerte.

Más tarde me enteré que se llamaba Elnion. No le conocía de nada, jamás había oído hablar de él; ni siquiera sé algo más de su vida, si su familia me maldijo en silencio o si yo mismo les di muerte. Pero fue el primero.

Lo que siguió, sólo fue carnicería anónima.

Me hubiera gustado cambiar el pasado.

4.
¬ŅPor qu√© t√ļ?

¬ŅSabes?, en mi soberbia llegu√© a creer que yo ten√≠a la soluci√≥n a todo. Me vislumbraba all√≠, ante el Trono de Morgoth, arranc√°ndole los dos Silmarils de su Corona. T√ļ le derrotabas. O era al rev√©s, ¬Ņqu√© importa? Pero me ve√≠a all√≠, ante la eterna gloria y la eterna luz, y t√ļ conmigo. Amistad eterna.

Estaba tan seguro de ganar‚Ķ ‚ÄúEl Juramento ya ha hecho bastante da√Īo‚ÄĚ pensaba ‚Äúsi Beren y L√ļthien pudieron quitarle un Silmaril, ¬Ņpor qu√© nosotros no podemos quitarle los restantes?‚ÄĚ. Mi propio car√°cter me perdi√≥. Y te perdi√≥ a ti.

Perdóname…

Morgoth era, a mi pesar, mil veces m√°s astuto que yo mismo; e hizo su jugada maestra. Me desvel√© demasiado pronto. ¬ŅQui√©n no conoce lo que sigue? ¬ŅLas l√°grimas del pueblo despose√≠do, el dolor de los humanos, los d√≠as entintados de muerte?

M√°s tarde me contaron algunas cosas‚Ķ se dice que estuviste magn√≠fico ese d√≠a. Seguro que m√°s de lo que yo lo he estado nunca. ‚ÄúUt√ļlie‚Äôn aur√ę! Eldali√ę ar Atanat√°ri, ut√ļlie‚Äôn aur√ę!‚ÄĚ S√≠, el d√≠a hab√≠a llegado. Todo era tan perfecto que fracas√≥.

Me duele todo. Pero no es por la lava que a punto est√° de recubrir mi cuerpo y carbonizarlo, ni por el Silmaril que ennegrece mi mano izquierda. Es porque te recuerdo. Recuerdo como aguantaste mis desconfianzas, como nos apoyaste en Alqualond√ę, como me salvaste del Thangorodrim, c√≥mo fuiste mi mano derecha en la Nirnaeth‚Ķ y como mi verdadera mano, te quedaste con Morgoth.

Duele lo que resta de tu memoria. S√© que si hubiera sido una pelea justa, ese d√≠a yo me hubiera quedado sin amigo, pero Morgoth sin capit√°n. Pero no hay honor en los ej√©rcitos del que se alza en el poder. Cobarde y traidor, otro balrog vino a empa√Īar tu muerte. Ay, Fingon. Ojal√° el hado hubiera sido m√°s ben√©volo y no hubieras muerto como mi padre, sin llevarte la gloria a Mandos.

¬ŅSabes?, despu√©s de llorar y lamentarme, el √ļnico sue√Īo limpio que me qued√≥ fue el matar a ese aborrecido balrog que era Gothmog. Ecthelion lo hizo por m√≠. Y al perder la √ļnica cosa que pod√≠a vengarte ‚Äďy vengar a mi padre-, creo que ya no merezco nada. Me libraste de la muerte y yo te llev√© a la tuya‚Ķ

Y ya, amigo‚Ķ nam√°ri√ę.

5.
Ser√≠a poco decir que tengo repugnancia de m√≠ mismo. Es ahora cuando envidio a los humanos, ¬Ņacaso ellos tienen que sufrir la carga de sus recuerdos eternamente? ¬ŅO con su muerte viene tambi√©n el olvido?

Y otra vez recuerdo el sonido de las espadas al entrechocarse…

No hay diferencia entre mis dos √ļltimas batallas. La verg√ľenza por la Nirnaeth es verg√ľenza, pero verg√ľenza noble al fin y al cabo. Pero las dos √ļltimas se hermanan, ya sin excusas. Asesino.

Asesino… Muerte… sangre… joyas… muerte…

Ya desvarío. Es el miedo. Aunque lo haya elegido, es el miedo.

El fuego está tan cerca… como lo estaba mi condena tras la Tercera Matanza…

Porque no hay una explicación admisible, excepto un Juramento Maldito.

Ya ni tengo fuerzas para desear no haberlo formulado. Sólo me arrepiento de mi debilidad… debí resistirme a mi padre…
Demasiado tarde.

Ya voy… a tocar… el fondo…

6.
Colapso.

El dolor de tus √ļltimos estertores es tibio. Veo la muerte. Es negra y c√°lida, como un trago de miruvor. Por un momento, se me concede ver mi √ļltimo crimen, mientras a√ļn soy due√Īo de mis pensamientos.

Nuestra vida entera fue una maldita comedia. O lo habría sido si no fuera por todos los muertos que me llevé por delante.

Y las comedias deben interpretarse hasta el final.

Eso se lo recordé a mi hermano. Hubiera querido renunciar a todo, pero era tarde.

Y, sabiendo que todo era pura ironía y cinismo, al matar a los guardias no pude menos que pensar… que a esas alturas, que más daba uno más o uno menos…

En mi interior sab√≠a que estaba moribundo de dolor, sab√≠a que estaba condenado, pero era la forma... la √ļnica forma‚Ķ de librarme del Juramento.

Y, al poner mi mano sobre el Silmaril, el ardor que me traspas√≥ como un latigazo vino acompa√Īado de j√ļbilo. Se acab√≥.
Se acabó como se acaba mi vida, con fuego.

Dos muertes.

No tengo palabras para expresar como se siente el fuego y la euforia.

No tengo palabras porque es imposible, porque aunque supiera como expresarlo…

… ya no tengo como hacerlo.

***

El día es hermoso y límpido, como todos los que se ven en esa tierra inmaculada. El aire trae sonidos del bosque. Sé que la luz le arranca tonos fulgurantes a su trenzado cabello, sé que la brisa nos sacude en la cara, pero no me fijo. Estoy encerrado en mis ideas.

-¬°No me mientas! ¬°Sabes muy bien de que estoy hablando!- el tono agresivo que ti√Īe mis palabras es una de esas cosas de las que te arrepientes durante siglos; tanto hiervo de rabia.

-Al contrario: lo ignoro. - Mi amigo, mi hermano en el alma, ni se inmuta.

-No te molestes en negarlo ¬°Pensaba qu√© eras mi amigo, Fingon! ¬ŅEn qu√© ha quedado nuestra amistad, eh?

-La misma pregunta te hago, Maedhros. Estamos en un tierra bendita, feliz; no hay preocupaciones ni problemas. ¬ŅA qu√© se debe este s√ļbito acceso de desconfianza?

¬ŅAcaso te he fallado alguna vez? -Sus palabras siempre son tan nobles como sus ideales.

La luz no se limita a reflejarse en √©l: lo traspasa, cada uno de sus pensamientos es brillo y chispa. Por un momento vacilo. Sacudo la cabeza, con una fuerte sensaci√≥n de ‚Äúdej√† vu‚ÄĚ, ahuyentando los malos pensamientos que antes me acosaban.

-Me han… eh… yo… eh…

-¬ŅS√≠?

-Ver√°s‚Ķ ten√≠a la sensaci√≥n de‚Ķ de que me estabas dejando de lado. ‚Äďmurmuro apresuradamente. Fingon me mira con incredulidad.

-Nunca. ‚Äďdice rotundamente.

-Perdona. Creo que ha sido un lapsus. ‚Äďdigo s√ļbitamente avergonzado.

Fingon sonríe, y me parece ver en sus ojos que sabe lo que me pasa. Aunque quizás esté ciego y sólo sea una ilusión.

-Concuerdo contigo en que la vida es una comedia. ‚Äďdice.- Y tambi√©n en que tenemos que interpretarla hasta el final‚Ķ

La brisa sopla suavemente, arrastrando el eco de sus palabras, que casi esperan una contestación mía.

-¬ŅPero?

-Pero… -mi amigo parece complacido, mientras sus ojos barren el horizonte.- … seguro que, al caer, jamás esperaste que las segundas oportunidades existieran.

-Supongo que lo dirás porque ahora estamos en Arda Curada, teóricamente cantando de alegría… -repongo, mientras pienso que toda la habilidad musical de la familia la acaparó Maglor.

-S√≠, claro. ‚Äďsonr√≠e enigm√°ticamente.- Y esto tambi√©n es vida y comedia, y las comedias acaban bien. Con escenas de lo m√°s enternecedoras, por supuesto; eso no falta nunca.

Dir√≠a que no eres el √ļnico con ‚Äúdej√† vu‚ÄĚ superado.

Me giro. Y, entonces, lo veo. Los veo a todos.

Y los veo felices.


  
 

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